Esta tribu ha probado que el ser humano puede adaptarse a las condiciones de su entorno, en particular a la vida en el agua.

No es que estos jóvenes sean los siguientes Acquaman de la Tierra, pero si tienen algún parecido con tal superhéroe es su gran habilidad para sumergirse en el agua y ver con total claridad debajo de ella.

Los moken son una tribu oriunda del archipiélago de Mergui, al sur de Birmania y a lo largo de la costa este de Tailandia se caracterizan porque dicen aprender a nadar mucho antes que caminar. Es su estrecha relación con el agua lo que también los hace una tribu nómada y una nación sin territorio definido, pues en un giro del destino similar al de los gitanos en Europa, a los moken los persiguen las autoridades de Birmania y Tailandia.

El conflicto territorial de los moken comenzó después del tsunami de 2004 que azotó las costas de Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, entre otros y a pesar de las 275 mil muertes, sólo hubo un fallecimiento de la tribu —de una persona invalida—, dado a sus conocimientos milenarios del movimiento del mar.

«Los moken viven en contacto con la naturaleza. Sus vidas dependen de y giran alrededor de ella, por lo que han desarrollado un instinto muy agudo y siempre en guardia ante el peligro. Tienen conocimientos y sabiduría de las que podemos aprender».

Su conocimiento los ayudó a dirigirse a un sitio elevado e incluso ayudar a aquellos que quedaron atrapados en la inundación posterior al tsunami. No obstante, el movimiento de los moken provocó que quedaran atrapados en Tierra. Grupos de ayuda humanitaria y las autoridades de Tailandia comenzaron a buscar un sitio en el que pudieran establecerse de manera legal. Sin embargo, todos aquellos que no pudieron dar fe de su nacionalidad quedaron varados, sin la posibilidad de salir del territorio de Tailandia.

Su estadía, los convirtió en prisioneros, puesto que de volver a sus hogares en el mar, serían privados de la ayuda necesaria, al tiempo que fueron criminalizados por sus costumbres milenarias de pescar.

A partir de entonces, su estilo de vida cambió radicalmente: entre las restricciones que enfrentan, también está la de la explotación de la madera, por lo que tampoco son capaces de volver a reconstruir sus barcazas —llamadas kabang—, generalmente hechas con bambú y rakam, un especie de árbol cuya madera se hincha en cuanto se humedece. Esto ha provocado que paulatinamente se pierda el saber de los mokens de construir embarcaciones y trabajar la madera.

No obstante, si hay una característica que ha resistido al cambio es la habilidad de los niños y jóvenes de la tribu, quienes —habituados a nadar— pueden ver con total claridad debajo del agua e incluso sumergirse durante más tiempo y a mayor profundidad que otros.

Este rasgo fue notado por la científica Anna Gislén, quien después de visitar la zona notó cómo los niños moken eran capaces de nadar con sus ojos bien abiertos y retirar moluscos o conchas pequeñas del fondo oceánico. Para probar su destreza visual, Gislén hizo un experimento en el que colocaron bajo el agua un aparato que contaba con distintas líneas, mismas que se hacían más delgadas y difíciles de ver a mayor profundidad. Para la sorpresa de la investigadora, los niños moken eran capaces de ver tales líneas con facilidad, mientras que su grupo de control —niños europeos que se encontraban vacacionando en la región— tuvieron problemas para verlas en el inicio, pero paulatinamente desarrollaron la misma habilidad y por lo tanto la misma destreza visual.

La capacidad de ver de los moken radica en que son capaces de constreñir sus pupilas al límite máximo conocido en los seres humanos, además de que pueden llevar a cabo el proceso de acomodación del cristalino —es decir, el “lente” que nos permite enfocar objetos cercanos— debajo del agua.

«Tuvimos que hacer un cálculo matemático para definir cuánto se acomodaba el cristalino para que ellos pudieran ver tan lejos como podían. Normalmente, cuando te sumerges todo está tan borroso que el ojo ni siquiera intenta acomodarse, no es un reflejo normal. Pero los niños moken son capaces de hacer las dos cosas —pueden hacer sus pupilas más pequeñas y cambiar la forma de su cristalino. Las focas y delfines tienen una adaptación similar». Explica Gislén para la BBC.

Gislén no pudo repetir el experimento con moken mayores debido a que eran mucho más penosos; sin embargo, sus costumbres, así como la anatomía humana hace que Gislén estime que los adultos pierden su habilidad, dado que se pierde flexibilidad en el cristalino —y por ello es más común que los adultos cacen fuera del agua o pesquen sin sumergirse—, aunque sostiene la teoría de que un moken adulto tiene mejor vista bajo el agua que otras personas.

A la fecha, las condiciones de vida, así como la presión de los gobiernos han provocado que la vida de los moken cambie de manera radical y que las antiguas enseñanzas, historias, mitos, así como sus habilidades caigan en el olvido.

Fuente y nota completa: Los Moken